lunes, 1 de junio de 2015

Factor desencadente.

La noche viene casi perfecta, tengo puesto algo que me hace sentir linda, mi clásico peinado desde que me corté el pelo, estoy con mis amigas y me encuentro en ese estado divino de alegría que estás suelta como para socializar con todo el mundo y sobria como para no agarrar tu celular y hacer un desastre masivo con el whatsapp.

La noche viene así, como casi siempre, yo haciendo mi pasito, mis amigas llorando de risa –porqué payaso del grupo siempre- y saludando gente por doquier, nos acercamos a la barra a pedir otra ronda de lo que sea para mantener el espíritu mientras vemos al tipo de siempre bastante mayor sacudiendo la hielera. Whiscola va y whiscola viene seguimos haciendo lo que sabemos hacer.

Y ahí está. Lo que deja de hacer la noche casi perfecta. Lo que deja de hacer la noche casi como siempre. Lo que hace que dejes por un segundo de hacer tu pasito y apoyes el vaso en la barra, lo que hace que te preguntes si lo que estás viendo es real o solamente es un efecto secundario de la noche, tu vestuario, tu peinado, tus locas amigas o lo más probable, del alcohol que corre por tus venas. Entonces cerrás los ojos y cruzás los dedos esperando que alguien –lo que sea a lo que le estés hablando- escuche tus plegarias. Pero no, ahí está. Abrís los ojos y lo ves, a él, al factor desencadenante de tus noches.

Y vos ahí, tan minita lo mirás y esperás a que te mire, y te das cuenta que aunque ni siquiera sabías que iba a estar en el mismo lugar que vos: te vestiste para él, te peinaste para él, te maquillaste para él y hasta te perfumaste para él. Y de todas las situaciones que imaginaste en tu cabeza que podrían pasar si por casualidad aparecía, ésta nunca se te paso por la mente.

Lo buscás con la mirada y la de él te encuentra por un segundo. Y ocurre lo que siempre ocurre cuando él te mira, te olvidas que tenés un vaso esperando en la barra, que tenés que seguir haciendo pavadas para que tus amigas se rían, que el está con los amigos –por lo tanto es un estúpido- ah y me faltó lo principal, en este momento está con otra mina, sí, sí, con otra mina.

Y no se si es necesario ni siquiera contar el resto de la historia porque pasa lo que pasa siempre; agarrás tu vaso, volvés al pasito y tu cabeza no para de pensar en buscar un pibe que este más bueno que él –cosa que para vos es bastante difícil porque te gusta él y sólo él- y hacer lo mismo; pero queda sólo en eso, en un pensamiento. Mientras tanto recargas el vaso incontables veces y haces como que nada pasó, nunca lo viste y nunca le dio aquel beso que imaginabas que era para vos a otra mina que no te llega ni a la suela del zapato –siempre pensás eso, sino nada tiene sentido-.

Entonces llegas a tu casa con los zapatos en la mano después de mucho alcohol, dos panchos, incontables cigarrillos y la infaltable charla taxi-depresiva post baile. Tocas la cama y te cae la ficha de repente; sabes que tu noche podría haber terminado diferente.

Y como siempre, o como casi siempre que te pasa lo mismo te decís: tal vez algún día. Y sí sabés que ese tal vez algún día depende de vos y de él por supuesto. Que tal vez algún día terminen la noche juntos, o que tal vez algún día te acompañe a tomarte el taxi mientras se comen un pancho juntos, o que tal vez algún día te arranque aquel cigarrillo que no le gusta de la mano. Te decís que tal vez algún día si vos dejaras tu orgullo de lado y él el suyo, la cosa sería diferente. Que tal vez algún día si vos dejaras de lado tu pensamiento tan de minita y él dejara de lado su pensamiento tan de pibito podrían armar algo lindo juntos. Que tal vez algún día o alguna noche, ese efecto desencadenante te sorprenda de una manera diferente, y no podés esperar a que eso pase. g esperando en la barra, que ten que tenaste en tu cabeza que podrtu vestuario, tu peinado, tus locas amigas o lo mas por un seg



Natita ♛.