lunes, 16 de enero de 2017

Inentendible

Hoy; melancólica, bajoneada, o aburrida como quieras llamarle; pienso en vos y te extraño. Pienso en vos de una forma que aunque estemos a miles de kilómetros, seguimos compartiendo la misma luna y estamos a una estrella de distancia. Pienso en vos de una forma que me duele, sos el pibe con el que más me enganché en mi vida, al que más conozco de los que estuve y por el que más veces renuncié a ser yo misma con tal de que me dieras un poquito de importancia.
Duele que no tengas idea de las veces que me debatí buscando una excusa para mandarte un mensaje, para hacerme notar, el rato que me comí pensando si por whatsapp era muy directo y si por snapchat era muy provocador; si, estamos hablando de un mensaje, algo tan simple como respirar y apretar un botón.
Duele que no tengas idea de las veces que sabía que te iba a encontrar en un lugar y me vestí, me perfumé y me maquille para vos, y cuando no tenia la certeza de encontrarte ahí, lo hacía por las dudas, nunca se sabe con las casualidades de la vida.
Duele que no tengas idea del miedo que me da perderte, tanto tanto que hasta prefiero guardarme todo lo que tengo para decirte y me conformo con tu amistad; me conformo con tener una charla picante al mes contigo porque estas lo suficientemente aburrido como para seguirmela, me conformo con ver en tus ojos algo que tu boca no dice y me conformo aguantándome las ganas de decirte que me digas eso que dice tu mirada, sin filtros, sin mambos, sin nadie; solo vos y yo.
Supongo que aguanté, aguanté y aguanté, y aunque el flash de todo seguramente es más mío que tuyo; alguna vez llegué a creer que en algún punto era mutuo; por eso tanto aguante.
Hoy, en mí día triste, melancólico o aburrido me doy cuenta que no te importa una mierda, y no se lo que puedo llegar a pensar mañana pero se que hoy no quiero estar más así.
No quiero pretender que un día te vas a levantar con ganas de enfrentar al mundo por mí y que vas a decirle a todos que lo que ME pasa a mi, NOS pasa a los dos.
No quiero pretender que mientras miro una estrella pensando en vos estás mirando una pensando en mí.
Y no quiero por nada del universo pretender que algún día vas a romper esa guerra interna que hay entre tu cerebro y tu corazón.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Fiel, fiel a la piel.

Yo vengo y vos te vas; yo te miro y vos mirás para otro lado; yo hablo y vos bajás la mirada.
Cada vez que te veo, te encuentro, te escucho o simplemente te sueño me pongo a pensar en cómo cambió nuestra relación en poco tiempo. Me asombra pensar que en cuestión de segundos y tomando una sola decisión podemos cambiar absolutamente todo.
Mil preguntas es poco para describir todo lo que me cuestiono en mi mente, me pregunto si todo esto venía desde antes o simplemente un día de un segundo a otro pasamos de ser dos amigos a ser dos personas que se tienen ganas; si a vos te pasa como a mi que tu cabeza no sabe que pensar y tu corazón no sabe que sentir.
Me encantaría saber si alguna vez pensarás si fue correcta la decisión que tomamos(y espero que sí); si valió la pena cagarnos en nuestra amistad por algo que no sabemos lo que es(los dos sabemos que nuestra amistad ya no tiene reversa); si te sentirás culpable; si te morirás de ganas de buscarme y encontrarme en algún rincón donde nadie nos vea y poder ser solo vos y yo un rato tanto como yo.
Me gustaría saber si alguna vez imaginaste la reacción de nuestros amigos si supieran lo que pasó(y lo que pasa porque sé que ni para vos ni para mí esto termino aunque los dos digamos que sí).
Quisiera saber si vos ves en mis ojos lo que yo veo en los tuyos cuando nos decidimos a estar juntos, porque para mí la mirada es el idioma universal por excelencia y créeme que yo sé que los ojos no mienten. 
En fin, lo que me muero por saber es a dónde vamos a ir a parar, si saldremos vivos de este limbo en el que nos encontramos.
Espero algún día, pensemos demasiado, o sintamos lo suficiente como para decidirnos. O en el mejor de los casos que seamos fieles, fieles a la piel.

domingo, 10 de julio de 2016

Si no es ahora, ¿cuándo?

A veces me pregunto si la rara soy yo o todo el mundo. A veces me siento como sapo de otro pozo por así decirlo. Tal vez será porque soy una persona impulsiva, hasta se podría decir que intensa; pero cuando algo me pasa, me pasa y no puedo reprimirlo. 
Sé que mis amigas me festejan por siempre decir lo que siento aunque a veces siento como que se burlaran un poco de mis ataques impulsivos y de sincericidio. Sé que a los pibes les debo parecer la mina mas pesada que conocieron alguna vez. Y sé que a todos aquellos que soportaron mi opinión cruda y sincera alguna vez, me catalogaron de la mala del cuento. Pero hoy soy dueña de mi vida y no me importa lo que nadie diga.
Hace un tiempo que estoy lejos de los impulsos y aunque pensé que a mi cabeza le haría bien descansar un poco de los dramas; me di cuenta que los impulsos son básicamente mi vida.
Más allá de que esto parezca pura palabrería soy una mina que no cree mucho en el destino(aunque a veces me mando alguna que otra frase hecha), soy partidaria de que las cosas no sehacen solas y que si queres algo tenes que salir al mundo a buscarlo.
Creo que lo que me hizo ser así de impulsiva es el miedo, el miedo a que una vez mas me quede con la incertidumbre de saber que hubiese pasado si yo hubiese actuado de tal o cual forma. Creo que si ponemos en la balanza el miedo a no saber qué habría pasado y el miedo a mandar un mensaje, dar el primer paso de algo o decir las palabras correctas en una situación; ya sabemos que miedo pesa más. 
Que nada te detenga, si queres algo, sali al mundo y buscalo, y no esperes a que "el destino" te de una señal o algo así porque si no es ahora ¿cuándo?.
 

sábado, 16 de enero de 2016

No creo en el amor

Muchas personas piensan que el amor pasa por el hecho de que yo te amo y vos me amas, nos juntamos y así somos felices. O peor, cuando un novio/a engaña a su novio/a y dicen "se acabó el amor". Llamame rara pero yo no creo en ese amor.
Antes, para mi el amor era como un capricho, era ver a alguien que me "gustara" y tener la necesidad de quererlo, hacer lo que sea por lograr que me vea, después que guste de mi y por último que me quiera. Pero pocas veces funcionó, ¿por qué?. Porque el amor pasa por otro lado. No se trata de tener la necesidad de querer a alguien y quererlo; no es tan fácil, ojalá lo fuera.
El amor en el que yo creo, aunque parezca muy cursi, es un amor que viene desde adentro; no es idealizar al amor en un tipo de persona, en un tipo de relación, o en un tipo de sentimiento; es encontrar a una persona en tu misma sintonía que esté dispuesta a darte lo que sea sin esperar que le des algo y que sin saberlo vos estés dispuesta a lo mismo. Un amor que se sepa que si nos engañamos no solo pudo ser porque "se acabó el amor", porque el amor para mi es inmenso y no se acaba; y cuando amo, amo fuerte. Los engaños no se justifican pero siempre voy a poder creer que te desviaste de sintonía y quedamos desfasados o que conociste a alguien y la amaste mas que a mi. En el amor que yo creo se aceptan estas cosas, lo que no se aceptan los "se acabó el amor" porque para mí los sentimientos no cambian. Alguien puede ser tu ex novio, tu ex amigo, hasta tu ex hijo(poniendo un caso extremista) pero eso no quiere decir que tu sentimiento sea ex. Si amaste a una persona, nunca la vas a dejar de querer sea cuál sea la circunstancia. 
En el amor que yo creo el mundo sigue girando; las personas siguen viviendo a pesar de todo; el Sol, la Luna y las estrellas siguen en el cielo y el que ama, ama fuerte.

martes, 1 de septiembre de 2015

"No quiero una relación"

"No quiero una relación" porque no quiero estar por estar con una persona.
"No quiero una relación" porque no quiero que cada vez que mis amigas se junten sin mí comenten la cagada que te mandaste vos y yo te perdoné, o peor, la que todo el mundo sabe y yo no me enteré.
"No quiero una relación" porque no quiero ser para tus amigos la puta de turno que llamas cuando tenes ganas ni que vos seas para mis amigas el gil que me quiere solo para eso.
"No quiero una relación" porque no quiero que toda mi familia o la tuya diga que linda pareja hacemos y después cada uno por nuestro lado nos mandemos cualquiera.
"No quiero una relación" porque no quiero que cada discusión sea por razones como: "vos sos una histérica" o "vos sos un gil".
"No quiero una relación" porque no quiero que nos dejemos porque no hay sentimientos y que nos volvamos a juntar porque hay ganas.

"No quiero una relación" pero la querría si sin reconocer que estamos enamorados sepamos que queremos intentarlo, que nuestra no-relación no va a ser como las demás porque acá los protagonistas somos vos y yo, porque nos dejemos de falsedades y nos chupe un huevo si hacemos linda pareja o si somos la puta y el gil para nuestros amigos. Quiero poder aceptarte si sos ese gil y te mandas una cagada y ser la histérica con pensamiento de minita que te grita, llora, te tira todo por la cabeza y después te perdona si vas de frente, aunque el mundo después me condene de estúpida.

¿Sabes cuándo quiero una relación, no-relación o como quieras llamarle? Cuando no nos importe si nos quisimos mucho o poco, cuando no nos interese si duramos largo o corto tiempo, cuando los dos estemos conformes de que duró lo que tenía que durar y que si nos dejamos no fue porque el horóscopo no nos daba compatible, o porque no eras mi estereotipo ideal de flaco ni yo el tuyo de mina; que si nos dejamos sea porque a pesar de todo eso que nos pasó no nos quedaron mas ganas de intentarlo. Porque aunque yo "no quería una relación" -y créeme que vos tampoco- supimos sin saberlo tener una linda y sana relación, no-relación, o como quieras llamarle...

lunes, 1 de junio de 2015

Factor desencadente.

La noche viene casi perfecta, tengo puesto algo que me hace sentir linda, mi clásico peinado desde que me corté el pelo, estoy con mis amigas y me encuentro en ese estado divino de alegría que estás suelta como para socializar con todo el mundo y sobria como para no agarrar tu celular y hacer un desastre masivo con el whatsapp.

La noche viene así, como casi siempre, yo haciendo mi pasito, mis amigas llorando de risa –porqué payaso del grupo siempre- y saludando gente por doquier, nos acercamos a la barra a pedir otra ronda de lo que sea para mantener el espíritu mientras vemos al tipo de siempre bastante mayor sacudiendo la hielera. Whiscola va y whiscola viene seguimos haciendo lo que sabemos hacer.

Y ahí está. Lo que deja de hacer la noche casi perfecta. Lo que deja de hacer la noche casi como siempre. Lo que hace que dejes por un segundo de hacer tu pasito y apoyes el vaso en la barra, lo que hace que te preguntes si lo que estás viendo es real o solamente es un efecto secundario de la noche, tu vestuario, tu peinado, tus locas amigas o lo más probable, del alcohol que corre por tus venas. Entonces cerrás los ojos y cruzás los dedos esperando que alguien –lo que sea a lo que le estés hablando- escuche tus plegarias. Pero no, ahí está. Abrís los ojos y lo ves, a él, al factor desencadenante de tus noches.

Y vos ahí, tan minita lo mirás y esperás a que te mire, y te das cuenta que aunque ni siquiera sabías que iba a estar en el mismo lugar que vos: te vestiste para él, te peinaste para él, te maquillaste para él y hasta te perfumaste para él. Y de todas las situaciones que imaginaste en tu cabeza que podrían pasar si por casualidad aparecía, ésta nunca se te paso por la mente.

Lo buscás con la mirada y la de él te encuentra por un segundo. Y ocurre lo que siempre ocurre cuando él te mira, te olvidas que tenés un vaso esperando en la barra, que tenés que seguir haciendo pavadas para que tus amigas se rían, que el está con los amigos –por lo tanto es un estúpido- ah y me faltó lo principal, en este momento está con otra mina, sí, sí, con otra mina.

Y no se si es necesario ni siquiera contar el resto de la historia porque pasa lo que pasa siempre; agarrás tu vaso, volvés al pasito y tu cabeza no para de pensar en buscar un pibe que este más bueno que él –cosa que para vos es bastante difícil porque te gusta él y sólo él- y hacer lo mismo; pero queda sólo en eso, en un pensamiento. Mientras tanto recargas el vaso incontables veces y haces como que nada pasó, nunca lo viste y nunca le dio aquel beso que imaginabas que era para vos a otra mina que no te llega ni a la suela del zapato –siempre pensás eso, sino nada tiene sentido-.

Entonces llegas a tu casa con los zapatos en la mano después de mucho alcohol, dos panchos, incontables cigarrillos y la infaltable charla taxi-depresiva post baile. Tocas la cama y te cae la ficha de repente; sabes que tu noche podría haber terminado diferente.

Y como siempre, o como casi siempre que te pasa lo mismo te decís: tal vez algún día. Y sí sabés que ese tal vez algún día depende de vos y de él por supuesto. Que tal vez algún día terminen la noche juntos, o que tal vez algún día te acompañe a tomarte el taxi mientras se comen un pancho juntos, o que tal vez algún día te arranque aquel cigarrillo que no le gusta de la mano. Te decís que tal vez algún día si vos dejaras tu orgullo de lado y él el suyo, la cosa sería diferente. Que tal vez algún día si vos dejaras de lado tu pensamiento tan de minita y él dejara de lado su pensamiento tan de pibito podrían armar algo lindo juntos. Que tal vez algún día o alguna noche, ese efecto desencadenante te sorprenda de una manera diferente, y no podés esperar a que eso pase. g esperando en la barra, que ten que tenaste en tu cabeza que podrtu vestuario, tu peinado, tus locas amigas o lo mas por un seg



Natita ♛. 

jueves, 28 de mayo de 2015

Síndrome de viernes.

Viernes. Viernes de buen humor, viernes de ganas, viernes de sonrisas, viernes de ponerle buena cara a las caras de culo, viernes de bancarte a los que nunca te bancas, viernes de buena música, viernes de decisión.
Sí, de decisión. Esa que tomás cuando agarras el celular y la pantalla tintinea mostrando esa pregunta que parece tan simple pero a la vez tan compleja. Finalmente lo que sale de ese grupo que tenés con tus amigas con el nombre más ridículo que se les pudo ocurrir –claramente producto de una aplaudida noche de borrachera-, ese “¿qué hacemos hoy?” aparece ansioso de respuesta; respuesta que tiene más contenido oculto que la biblia.

Y ahí con el celular en mano y personas esperando tu respuesta es cuando pasan más cosas por tu cabeza que cuando tenés que responder una pregunta en un parcial y no sabés una goma. Es cuando te viaja la mente y pensás en todas las posibilidades de qué hacer y por supuesto en sus tan temidas consecuencias. Y ahí descubrís que el síndrome de viernes provoca eso, levantarse pensando que el viernes es el comienzo del fin de semana que cambie tu vida y después pasa el tiempo y pensás que hace un año tenés el síndrome de viernes incorporado y venís esperando que sea ese fin de semana que cambia tu vida, pero nunca pasa.

Decidís responder ese whatsapp más tarde, después de evaluar los planes, evacuar las dudas de cada uno y por supuesto, el balance de lo positivo y negativo de lo que puede pasar si… mientras vas colgada en el bondi observando el síndrome de viernes por todos lados.

Salir a un boliche igual a cagarte de frío; igual a gastar plata –sabés que con unos tragos encima sos bastante mano abierta-; igual a limpiar tu cuarto y evacuar la silla y escritorio posa ropa –las previas siempre son en casa-; igual a encontrarte con gente que no querés y lo último pero no menos importante; igual a saltearte la clase de la facultad e instalarte en el shopping toda la tarde buscando la ropa perfecta para que uno de los tantos pibes con los cuales alguna vez colgada en el mismo bondi, te imaginaste una vida con ellos mientras que lo único que compartiste fue un chamuyo y un beso de boliche vuelva a buscarte como aquella noche –y ponele que eso significa: no clases, tiempo y más plata- y para hacer más trágica la situación –sí, muy minita todo, me gusta la tragedia y la novelita de la noche-  tanta preparación sirve para nada porque ves a el pibe o a los pibes con los que te imaginaste casa, perros e hijos con otra mina.

Ya está decidido, vas a ir a la facultad como corresponde, no vas a hacer uso masivo de la tarjeta, no vas a cagarte de frío ni vas a ver al pibe con el cual planeabas casa, perros e hijos con otra mina, porque simplemente no vas a ir. La cama y unas películas deprimentes mientras comés te pueden más.


Eso es hasta que llegas a la puerta de la facultad, te absorve una energía extraña en la cuál las neuronas no hacen sinapsis y cambias los libros por la tarjeta de crédito y no importan los planes, ni las dudas que tengas, ni si el balance de cada uno te dio negativo, positivo o cero. Sólo haces lo que haces en cada síndrome de viernes como este, agarrás el celular, buscás ese grupo con nombre rídiculo y contestás “¿al final a dónde vamos hoy?”.

Natita ♛.